Buenos Aires, Viernes, 9 de Diciembre
10 octubre, 2022 10:20 Imprimir

El cepo cambiario es la principal causa de las restricciones a las importaciones – Ec. Eugenio Marí

 

Esta semana, a través de la Resolución 28/2022, la Secretaría de Comercio amplió a 4.193 la lista de posiciones arancelarias sujetas a Licencias No Automáticas de importación. Con esto, el universo de productos sujetos a este mecanismo de importación discrecional se amplió de 20% a 40% del nomenclador arancelario. Desde la eliminación del sistema de Declaraciones Juradas Anticipadas de Importación (DJAI) en diciembre de 2015 que el comercio exterior argentino no estaba sujeto a este nivel de discrecionalidad.

Como es de esperar, en una lista tan extensa el gobierno incluyó todo tipo de bienes finales e intermedios. Maquinarias, textiles, calzado, juguetes, electrodomésticos, insumos alimenticios, en fin, prácticamente no hay sector de la economía que no produzca o no dependa de insumos que ahora están bajo Licencias no automáticas de importación.

La causa fundamental detrás de este pandemonio comercial es el cepo cambiario. Y el responsable, el Banco Central de la República Argentina (BCRA). Pero ¿por qué?

El verdadero problema es que, con el cepo cambiario, el BCRA pretende sostener un tipo de cambio que refleja lo que produce  su política de emisión monetaria y la pérdida de valor que ha tenido la moneda nacional. En otras palabras, el Central fija un tipo de cambio que está artificialmente barato.

Como ocurre en cualquier mercado, cuando se establece un precio regulado artificialmente barato, hay escasez del producto. Los que liquidan dólares hacen esfuerzos para no hacerlo, o demorarlo lo más posible (nadie desea regalar su trabajo). Mientras que los que demandan dólares intentan por todos los medios adquirirlos al precio barato fijado por el Central (a todos nos gustan las ofertas). En este caso, habría escasez de divisas. Pero para evitarlo, el BCRA aumenta la oferta vendiendo reservas internacionales.

Este proceso no puede continuar por tiempo indefinido, entonces el gobierno recurre a controles legales sobre la demanda de divisas: el cepo. Pero como el desequilibrio de fondo, que es el precio regulado en el mercado cambiario, permanece, entonces el BCRA pierde cada vez más reservas y, para compensarlo, el gobierno amplía cada vez más los controles al acceso de divisas. Primero incluyendo a ahorristas, turistas, compradores de servicios, courriers y luego, cada vez más, a las importaciones de bienes (que son las de mayor impacto productivo).

Esto ya lo vivimos. El cepo cambiario establecido en 2011 llevó a una pérdida persistente de reservas del Banco Central. ¿Qué le sobrevino? En 2012, el establecimiento de las DJAI. Control de cambios y control de importaciones van de la mano.

La conclusión es fundamental: mientras haya controles de cambio, habrá cada vez mayores restricciones sobre las importaciones. Esto es, para defender un precio regulado artificialmente barato, se ajustan cada vez más las cantidades demandadas (a la baja).

La situación en los próximos meses será aún peor porque, tras el final del ‘dólar soja’, el Central volverá a perder reservas internacionales. Si bien es cierto que ingresarán algunos desembolsos por préstamos con organismos internacionales, no compensarán la menor oferta de divisas por la sequía y, encima, no habrá la liquidación de divisas del complejo sojero, que se adelantó a septiembre.

No sería tan sorprendente que en el último trimestre de 2021 o el primero de 2022 el listado de bienes sujetos a Licencias No Automáticas se amplíe aún más. Y que, para los ya incluidos, se restrinjan aún más las cuotas de importación. En definitiva, mayores dificultades para trabajar y producir en Argentina.

Ec. Eugenio Marí

Octubre 2.022

Economista Jefe de la Fundación Libertad y Progreso y Docente en la Universidad del CEMA.

 

 

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