Buenos Aires, Viernes, 24 de Septiembre
23 agosto, 2021 20:52 Imprimir

El cambio climático requiere de urgentes medidas ¿cómo pueden colaborar los impuestos? – Dr. Alfredo Collosa

 

El cambio climático presenta enormes riesgos para el funcionamiento de las economías del mundo.

Es uno de los mayores desafíos actuales y no entiende de prórrogas ni fronteras.

Recientes informes del tema alertan que la situación es crítica y se debe actuar cuanto antes ya que de no hacerlo estamos frente a una crisis climática mundial inevitable, irreversible y sin precedentes.

Por ello, mediante el presente quería compartir por un lado la enorme relevancia del tema resaltando los recientes informes en la materia.

Asimismo, comentar algunos aspectos de los impuestos ambientales y otras medidas tributarias que podrían ayudar en el mismo, realizando un análisis a nivel global y también desde el punto de vista de la situación en América Latina y el Caribe.

Finalmente proponer algunas ideas, sin perjuicio de lo cual queda claro que la política fiscal y la tributaria en particular es sólo un aspecto a considerar para tratar de aportar una solución al tan grave problema del cambio climático.

Cambio climático – Recientes informes:

El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) es el organismo de la ONU para evaluar la ciencia relacionada con el cambio climático. Fue establecido por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y la Organización Meteorológica Mundial en 1988 para proporcionar a los líderes políticos evaluaciones científicas periódicas sobre el cambio climático, sus implicaciones y riesgos, así como para proponer estrategias de adaptación y mitigación

El informe sobre el clima del IPCC[1] publicado recientemente es contundente en el sentido que estamos acercándonos peligrosamente a un aumento de 1,5°C en la temperatura que nos pondrá ante una crisis climática mundial inevitable, irreversible y sin precedentes.

Muchos de los cambios observados en el clima no tienen precedentes en miles, si no en cientos de miles de años, y algunos de los cambios que ya se han puesto en marcha, como el aumento continuo del nivel del mar, son irreversibles durante cientos o miles de años.

Sin embargo, reducciones fuertes y sostenidas de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) y otros gases de efecto invernadero limitarían el cambio climático. Si bien los beneficios para la calidad del aire llegarían rápidamente, podrían pasar de 20 a 30 años para que las temperaturas globales se estabilicen

El informe proporciona nuevas estimaciones de las posibilidades de cruzar el nivel de calentamiento global de 1,5 ° C en las próximas décadas y encuentra que, a menos que haya reducciones inmediatas, rápidas y a gran escala en las emisiones de gases de efecto invernadero, limitar el calentamiento a cerca de 1,5 ° C o incluso 2 ° C estarán fuera de su alcance.

El informe muestra que las emisiones de gases de efecto invernadero de las actividades humanas son responsables de aproximadamente 1,1 ° C de calentamiento desde 1850-1900, y encuentra que en promedio durante los próximos 20 años, se espera que la temperatura global alcance o supere los 1,5 ° C de calentamiento.

Cada región enfrenta cambios crecientes. Muchas características del cambio climático dependen directamente del nivel de calentamiento global, pero lo que experimentan las personas a menudo es muy diferente al promedio global.

El informe proyecta que en las próximas décadas los cambios climáticos aumentarán en todas las regiones. Pero no se trata solo de temperatura. El cambio climático está trayendo múltiples cambios diferentes en diferentes regiones, que aumentarán con un mayor calentamiento. Estos incluyen cambios en la humedad y la sequedad, los vientos, la nieve y el hielo, las áreas costeras y los océanos.

El clima de la Tierra está cambiando y el papel de la influencia humana en el sistema climático es indiscutible.

El nuevo informe también refleja avances importantes en la ciencia de la atribución: comprender el papel del cambio climático en la intensificación de fenómenos meteorológicos y climáticos específicos, como olas de calor extremo y lluvias intensas.

El informe también muestra que las acciones humanas todavía tienen el potencial de determinar el curso futuro del clima.

Este informe se publica en un momento en que la situación está llegando a un punto culminante. La cruda realidad debería llevar a los gobiernos, a los mercados de capital, a los inversionistas, a las aseguradoras y a los consumidores a adoptar las medidas necesarias para reducir las emisiones de combustibles fósiles.

Queda muy poco tiempo para cambiar esta trayectoria antes de que las peores consecuencias se vuelvan irreversibles. Para limitar los impactos del cambio climático, es necesario reducir las emisiones de manera decisiva, urgente y drástica. Somos la última generación que tiene la oportunidad de volver a encaminar al mundo. También somos la primera generación que puede intentar hacer las cosas de una manera nueva, para que las personas y el planeta prosperen juntos.[2]

La OCDE tiene un repositorio de datos e indicadores internacionales sobre las dimensiones ambientales, económicas, financieras y sociales del cambio climático proporciona información esencial para políticas climáticas eficaces.

Se puede explorar las emisiones por país y por sector, y la combinación de energía de los países, y obtener más información sobre las políticas de los países, incluidos los precios del carbono, los subsidios a los combustibles fósiles y la inversión en energía renovable[3].

Allí se dice que os avances en la reducción de emisiones de carbono son insuficientes para alcanzar el Acuerdo de París.  Lograr emisiones netas cero requiere transformaciones económicas, sociales y tecnológicas rápidas. Muchos países están tomando medidas, pero el progreso es insuficiente para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París de 2015 y mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de los 2 ° C por encima de los niveles preindustriales.

La energía renovable se utiliza cada vez más, pero todavía representa solo el 11% del suministro de energía y el 27% de la producción de electricidad en la OCDE. Esto no es suficiente para reducir eficazmente las emisiones de GEI derivadas del uso de energía.

La energía y el transporte se encuentran entre los principales impulsores de las emisiones de gases de efecto invernadero.Los países de la OCDE todavía dependen de los combustibles fósiles para aproximadamente el 80% de su suministro de energía.

Las emisiones y huellas de carbono varían ampliamente entre países.

Se necesitan más esfuerzos para eliminar gradualmente los subsidios a los combustibles fósiles y apoyar la innovación y el desarrollo. Muchos gobiernos apoyan la producción y el consumo de combustibles fósiles. En 2019, este apoyo ascendió a 468.000 millones de dólares en 81 economías. Varios países brindan apoyo a los combustibles fósiles como parte de sus paquetes de recuperación de Covid-19.

Finalmente se dice que se necesita un esfuerzo adicional para gravar las emisiones de carbono. La fijación de precios del carbono fomenta el cambio de las opciones de producción y consumo hacia opciones bajas en carbono. Aún no se utiliza en todo su potencial según los últimos datos. Con un puntaje de fijación de precios de carbono de solo el 19%, los 44 países de la OCDE y el G20 analizados todavía tienen el 80% del camino por recorrer para alcanzar la referencia de 60 euros que se necesitaría para avanzar hacia una economía baja en carbono.

Por otra parte, también existe el “Green Future Index” el cual es una clasificación de 76 países y territorios líderes en su progreso y compromiso para construir un futuro bajo en carbono. Mide el grado en que sus economías están girando hacia la energía limpia, la industria, la agricultura y la sociedad a través de la inversión en energías renovables, innovación y finanzas verdes[4].

Los países europeos dominan la parte superior del “Green Future Index”, con 15 naciones europeas en el top 20. Muchos países europeos ya han logrado algunos avances en la reducción de emisiones, la transición de su producción de energía a fuentes renovables y la inversión en movilidad verde.

Los esfuerzos coordinados de los estados miembros de la UE para comprometer más de 200.000 millones de euros en inversiones audaces en economía verde, como parte del amplio Fondo de Recuperación y Resiliencia post-covid de la Comisión Europea, darán a las naciones europeas un impulso adicional en los próximos años.

El progreso desigual de muchas de las economías más grandes del mundo se refleja en el índice. Estados Unidos se encuentra en el lugar 40, en parte obstaculizado por varios años de mala dirección de la política climática, y China, en el lugar 45, todavía tiene un largo camino por recorrer en términos de transición energética a pesar de representar casi la mitad de las adiciones netas del mundo. de energía renovable a través de la energía eólica y solar el año pasado.

Sin embargo, entre estas dos economías, se gastaron miles de millones de dólares en innovación en tecnología verde y procesos de transición, lo que significa que ambas deberían poder avanzar en las clasificaciones en los próximos años si están realmente comprometidas con sus objetivos declarados objetivos de neutralidad de carbono.

Impuestos ambientales y otras medidas:

A raíz del Acuerdo de París de 2016, los países se han comprometido a reducir las emisiones de carbono de sus economías para mediados de siglo, lo que implica una sustitución de los combustibles fósiles como fuente de energía.

Los impuestos ambientales, y los instrumentos de política basados, de forma más general, en los precios, han ido ganando protagonismo en muchos países.

Mediante la incorporación de una señal de precio en las decisiones de los consumidores, estos impuestos implementan el principio de “quien contamina paga” y llevan a empresas y hogares a plantearse el costo ambiental de sus acciones.

Un impuesto ambiental es un impuesto cuya base es una unidad física (o un equivalente de una unidad física) de algo que tiene un probado y específico impacto nocivo sobre el medio ambiente, independientemente de si el impuesto está destinado a cambiar las conductas o se aplica para otro objetivo (OCDE, 2005)

En Europa respecto a la reforma fiscal verde se publicó recientemente  el paquete “Fit for 55″ de la UE[5] . Con el objetivo de reducir las emisiones de carbono del bloque en un 55% para 2030 se aumentará las tasas impositivas mínimas sobre los combustibles más contaminantes y se eliminarán las exenciones sobre los combustibles fósiles.

Se busca por un lado aumentar los ingresos mediante la ampliación de la base impositiva y, al mismo tiempo fomentar un cambio hacia la energía limpia.

Durante tres décadas, los países nórdicos (Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia) ya han estado utilizando impuestos verdes en respuesta a las crisis económicas.

Los impuestos sobre la contaminación y los sectores contaminantes generaron ingresos que permitieron a los gobiernos reducir los impuestos que dificultan la productividad, como el trabajo y el capital. Esto redujo la contaminación, mientras que la inversión en energía limpia creció.

Se pueden extraer lecciones de la experiencia nórdica que son relevantes para todos los países. Los principios clave son “quien contamina paga” y que los ingresos fiscales deben gastarse de manera productiva. Las políticas fiscales verdes, especialmente durante una crisis económica, deben construirse de manera que mejoren la calidad de vida de todos. Comunicar claramente los beneficios puede generar el apoyo político necesario para la reforma.[6]

No obstante ello si bien la evidencia muestra que una reforma basada en impuestos ecológicos podría ser la forma más sostenible y estratégica de recuperarse de la pandemia, el aumento de los impuestos a la contaminación ha sido la excepción, no la regla. Solo Costa Rica, India y Filipinas aumentaron los impuestos al combustible para financiar la respuesta a la pandemia[7].

La OCDE monitorea las tendencias de los impuestos a la energía y ha publicado una investigación[8] que concluye que muchas tasas de impuestos a la contaminación son en realidad demasiado bajas para alentar cambios hacia energías más limpias.

En abril de este año el FMI / OCDE presentó un informe para los Ministros de Finanzas y Gobernadores de Bancos Centrales del G20[9]. Estas son algunas de las consideraciones del informe:

  • Una transición progresiva a cero emisiones netas de gases de efecto invernadero para mediados de siglo es esencial para contener los riesgos del peligroso cambio climático. Los compromisos y políticas de emisiones actuales no alcanzan la ambiciosa acción política que se necesita con urgencia.
  • La fijación de precios de los gases de efecto invernadero, especialmente las emisiones de CO2, es una herramienta indispensable en cualquier estrategia rentable de mitigación del cambio climático, siempre que sea inclusiva y apoye el desarrollo económico.

Un nuevo documento del FMI, elaborado por Vitor Gaspar e Ian Parry[10], propone la creación de un acuerdo internacional de precio mínimo de carbono que complemente el Acuerdo de París, de la siguiente manera: debe ser apoyado por los mayores emisores, anclado en un precio mínimo de carbono y debe estar diseñado de manera pragmática.

Recientemente Ernst & Young (EY) publicó un muy interesante informe[11] en el que realiza un seguimiento de los impuestos ambientales de 28 países. Se dice que gobiernos de todo el mundo están utilizando medidas fiscales de sostenibilidad para reducir las emisiones, cumplir con sus compromisos sobre la neutralidad de carbono y abordar el cambio climático, así como para recaudar ingresos y financiar importantes objetivos políticos. Si bien estos objetivos son compartidos, las políticas que se establecen para lograrlos varían enormemente.

El informe analiza los incentivos a la sostenibilidad, los cuales generalmente se pueden dividir en tres categorías, los que fomentan la reducción del consumo de recursos naturales, los que fomentan el cambio a fuentes de energía renovables o alternativas o los que fomentan la innovación de nuevos productos y procesos de fabricación bajos en carbono. Muchos programas son una combinación de los tres que contienen varios elementos.

Dentro del marco fiscal general, los impuestos ambientales funcionan no solo como una fuente de ingresos, sino también como un instrumento de política ambiental. Como resultado, los gobiernos utilizan impuestos sobre una variedad de productos para alentar o desalentar el consumo. De manera similar, los gobiernos ofrecen exenciones de impuestos ambientales para ciertos productos, usos o contribuyentes calificados.

En el informe se contabilizan más de 4300 impuestos ambientales y más de 1100 exenciones. Asimismo, se detallan más de 80 iniciativas de fijación del precio del carbono.

El informe entre sus conclusiones destaca:

  • A medida que los impuestos al carbono se implementan de manera más generalizada, las empresas multinacionales se enfrentan a un panorama fiscal complejo y que cambia rápidamente. Por ello, al transformar los modelos operativos para reducir su huella de carbono y la exposición al impuesto al carbono, además de aprovechar los incentivos al carbono, las organizaciones no solo construirán negocios sostenibles en el futuro, sino que también cumplirán con las expectativas y demandas ambientales de clientes e inversores.
  • Las empresas tendrán un papel crucial en la transición verde. Las empresas de todos los sectores pueden aprovechar sus capacidades de financiación, innovación y presentación de informes para ayudar a traducir los objetivos de las políticas en mejoras tangibles de la sostenibilidad.
  • El Pacto Verde Europeo tiene ramificaciones de amplio alcance para el comercio mundial y las cadenas de suministro en particular. Las empresas deben participar estrechamente en las discusiones sobre políticas y modelar el impacto de las regulaciones en sus operaciones para que estén en cumplimiento.
  • El movimiento hacia las fuentes de energía renovables y la descarbonización continuará impulsando el cambio dentro del sector del petróleo y el gas, pero ahora esto también se alía con una mayor digitalización, transparencia y un crecimiento de los incentivos ecológicos. La función fiscal y financiera tiene un papel fundamental que desempeñar en los cambios que se están produciendo actualmente, para garantizar que las empresas estén preparadas para un futuro muy diferente

Impuestos ambientales – Situación en America Latina y el Caribe:

Las Estadísticas Tributarias en América Latina y el Caribe 2021[12] dicen que existe margen para aumentar los ingresos provenientes de los impuestos sobre la renta de las personas físicas (IRPF) y los impuestos relacionados con el medio ambiente, pero también las cotizaciones a la seguridad social en la mayoría de los países.

Respecto de los ingresos tributarios relacionados con el medio ambiente, ascendieron al 1,2% del PIB en promedio en 2019 en los 25 países de ALC para los que se dispone de información, encontrándose por debajo del promedio de la OCDE de 2,1%.

En 2019, los ingresos provenientes de la imposición energética (más comúnmente, sobre el diésel y la gasolina) generaron la mayor proporción de los ingresos tributarios relacionados con el medio ambiente en la región de América Latina y el Caribe.

Los ingresos procedentes de productos relacionados con la energía ascendieron al 0.7% del PIB en promedio en 2019 y representaron en torno al 65% de los ingresos tributarios relacionados con el medio ambiente.

La recaudación por impuestos sobre los vehículos motorizados y servicios de transporte ascendió al 0.4% del PIB y representa la mayor parte del resto (35%) de los ingresos tributarios relacionados con el medio ambiente.

Los ingresos procedentes de impuestos aplicados a otras bases relacionadas con el medio ambiente fueron poco significativos.

Los ingresos tributarios relacionados con el medio ambiente para la OCDE fueron superiores a los de la región de América Latina y el Caribe en las diferentes bases, especialmente para los impuestos relacionados con la energía y el transporte. Los promedios de la OCDE de ingresos tributarios relacionados con la energía y el transporte en 2019 ascendieron a 1.5% y 0.5% del PIB, respectivamente.

En el mismo documento[13] se dice que los países de América Latina y el Caribe han sido lentos en aplicar impuestos relacionados con el medio ambiente. A pesar de que se han introducido impuestos sobre el combustible (principalmente por la recaudación de ingresos más que para fines medioambientales), muchos países también proporcionan subsidios para los productos energéticos con el objeto de mitigar el impacto de los altos y volátiles precios del petróleo, control de la inflación, impulso de la competitividad y la protección de los sectores más pobres de la población.

Más allá de los impuestos sobre el combustible y la matriculación o uso de vehículos, los impuestos ambientales siguen estando poco desarrollados en toda la región de América Latina y el Caribe. Sin embargo, algunos países de América Latina y el Caribe han introducido importantes reformas fiscales ambientales, incluyendo Chile, México y Colombia.

•               En otra publicación reciente “Política fiscal y cambio climático: experiencias recientes de los ministerios de finanzas de América Latina y el Caribe”[14] se dice que la región todavía gasta cerca del 1% del PIB subsidiando combustibles fósiles. Para corregir los precios, se requiere implementar impuestos ambientales y reformar los subsidios a la energía, con miras a gestionar los impactos sociales y ayudar a las empresas que consumen mucha energía a adaptarse. Las finanzas públicas se benefician al ahorrar dinero mientras mejoran los resultados sociales y los incentivos de precios.

También se afirma que los impuestos ambientales y la reducción de los subsidios energéticos tienen el potencial de disminuir la informalidad, la evasión fiscal y la corrupción.

Se dice que el diseño de las políticas fiscales debe coadyuvar a un crecimiento sostenible. Las tres áreas donde las intervenciones de los ministerios de finanzas resultan cruciales son: 1) la gestión de los riesgos económicos, fiscales y financieros asociados a los eventos climáticos extremos y al cambio climático; 2) los desafíos de la transición hacia economías bajas en emisiones de carbono, y 3) la reorientación de las finanzas públicas para que contribuyan a los objetivos nacionales de resiliencia y descarbonización.

Ideas finales:

El informe sobre el clima del IPCC publicado recientemente es contundente en el sentido que estamos acercándonos peligrosamente a un aumento de 1,5°C en la temperatura que nos pondrá ante una crisis climática mundial inevitable, irreversible y sin precedentes.

En las próximas décadas los cambios climáticos aumentarán en todas las regiones y está trayendo múltiples cambios diferentes en diferentes regiones, que aumentarán con un mayor calentamiento. Estos incluyen cambios en la humedad y la sequedad, los vientos, la nieve y el hielo, las áreas costeras y los océanos.

El clima de la Tierra está cambiando y el papel de la influencia humana en el sistema climático es indiscutible.

Lograr emisiones netas cero requiere transformaciones económicas, sociales y tecnológicas rápidas.

Ganar la lucha por el clima del planeta requiere una gran cooperación internacional y la convergencia política entre los principales países emisores (China, Estados Unidos, India y la Unión Europea a la cabeza) y los exportadores de petróleo (Rusia, Arabia Saudita, etc.). El tema es definir una hoja de ruta compartida de medidas para descarbonizar las economías del mundo.[15]

Los gobiernos no pueden darse el lujo de perder esta oportunidad de hacer la transición de sus economías.

Se necesitan más esfuerzos para eliminar gradualmente los subsidios a los combustibles fósiles y apoyar la innovación y el desarrollo. Asimismo, se necesita un esfuerzo adicional para gravar las emisiones de carbono.

Es importante que los países utilicen de manera eficiente y efectiva las politicas fiscales para una recuperación de COVID-19 que se alinee con la implementación de los ODS ayudando a mejorar los efectos del cambio climático.

Los impuestos ambientales y aquellos relacionados con los objetivos de salud pública, pueden desempeñar un papel clave en la configuración de los incentivos de los actores económicos a favor de los ODS.

Es importante aprovechar las nuevas tecnologías para lograr una mayor digitalización, transparencia, trazabilidad y un crecimiento de los incentivos ecológicos y de los impuestos ambientales, ya que de esta forma se contribuye asimismo a disminuir la informalidad, la evasión fiscal y la corrupción.

Si bien los impuestos ambientales, y los instrumentos de política basados, de forma más general, en los precios, han ido ganando protagonismo en muchos países, entiendo que hay mucho camino por recorrer sobre todo en regiones como América Latina y el Caribe donde los últimos estudios evidencian que hay un espacio fiscal para avanzar en el tema de los impuestos ambientales.

Entiendo es vital incrementar la colaboración y cooperación internacional tanto del sector público como del privado.

Problemas globales que afectan a todos y cada uno de los ciudadanos del planeta sólo podrán resolverse adecuadamente con soluciones y acuerdos globales.  Nos queda poco tiempo, el futuro es hoy.

Dr. Alfredo Collosa

Agosto 2.021

 

 

 

 

 

 

 


[4] https://www.technologyreview.com/2021/01/25/1016648/green-future-index/

[5] https://ec.europa.eu/commission/presscorner/detail/en/qanda_21_3662

[10] https://blogs.imf.org/2021/06/18/a-proposal-to-scale-up-global-carbon-pricing/

[15] https://brusselsmorning.com/2021/08/19/when-putin-joined-the-climate-change-consensus/

 

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