Buenos Aires, Miercoles, 21 de Octubre
12 octubre, 2020 23:18 Imprimir

Pandemia y retroceso económico latinoamericano – Lic Marcela Chalub

 

 

La CEPAL anunció que durante el 2020 y por el efecto pandemia el PIB tendría una caída de 9,1% de modo global y un 10% de la renta per cápita, convirtiendo esto en los peores resultados de los últimos 120 años.

No caben dudas que los efectos de la pandemia serán devastadores y que dejará una huella en las economías Latinas y sus habitantes. En este mundo global, donde podíamos tomar un vuelo y estar en 35 horas al otro lado del mundo, donde la accesibilidad y tendencias resultaba tan cercana, la proximidad entre culturas nos hacia estar más cerca y el desarrollo para economías emergentes se convertía en una oportunidad de expansión, hoy termina resultando el escenario más complejo. Se estima que la tasa de desempleo subirá 13,5%, mientras que la pobreza alcanzará el 37,7% de la población, convirtiéndose en la población más desigual del planeta.

Analizando el balance presentado por CEPAL, solapadamente sugiere, que el continente va camino a perder un decenio en términos económicos, y casi un decenio y medio en términos sociales.

Dentro de los efectos que dejará esta crisis sanitaria global, será sin dudas la crisis económica y social más importante que hubiere experimentado la región en los últimos 30 años como también expone las debilidades estructurales de las economías que la integran.

Este macro contexto de crisis sanitaria global, definitivamente en Argentina no fue ajeno. La prestigiosa Universidad Católica de Argentina, en su medición del mes de octubre compartió la lastimosa noticia que el 50% de la población Argentina se encuentra desempleada y que un centenar de Pymes han tenido que bajar la persiana, dejando miles de familias sin un ingreso primario, teniendo que acudir al asistencialismo del Estado o bien incursionando en trabajos no formales. En este contexto, la protección social de las familias tiene un papel trascendental que jugar y así lo ha entendido la mayoría de los gobiernos de la región. Las respuestas han sido variadas y complementarias, sea a través de instrumentos de protección del empleo, como legislación para el teletrabajo; de la seguridad social, con adelantos de pagos de jubilaciones o posibilidad de retirar parte de estos fondos; o mediante la asistencia social, vía los programas de transferencias monetarias y alimentación. La adaptación y utilización al máximo de estos instrumentos ya existentes es esencial para una respuesta rápida y eficaz. En esta coyuntura, los programas de transferencias son imprescindibles para proteger tanto el nivel de consumo como la inversión en el capital humano de los niños y sus familias, contribuyendo a su resiliencia durante este periodo.

Pero este número está en concordancia con las estimaciones de Cepal en conjunto con la Organización de las Naciones Unidas, donde predicen que esta trágica pandemia dejará más de 16 millones de latinoamericanos en la extrema pobreza. En este punto me pregunto, cuantas empresas nacionales y multinacionales retraerán inversiones o definitivamente optarán por cerrar sus puertas. Y cuánto tiempo llevará a estas economías reponerse de este devastador efecto global. Sí, esta es parte de una cruda realidad.

Estos efectos también generan repercusiones en las áreas logísticas y definitivamente en el comercio internacional. Por ejemplo en el mercado de carga aérea, se puede ver una importantísima reducción de los volúmenes de carga operados globalmente, suspensiones de rutas aéreas en el caso de algunas compañías de transporte que fueron producto de la caída en la demanda global de tickets de pasajeros, lo que se traduce en un incremento significativo de las tarifas para el mercado de carga aérea. Y como toda crisis, también representa una oportunidad, y expone la creatividad para maximizar ingresos, surgieron nuevas tarifas para el traslado de productos sanitarios tales como: barbijos, material de protección descartable, batas, guantes, entre otros. Mientras que, en el escenario más pesimista, algunos países hasta retuvieron carga que ingresaba en tránsito por sus fronteras. Por supuesto que los tráficos marítimos no fueron ajenos a esta situación tan particular, cuando la fábrica del mundo reabrió sus puertas y comenzó a producir aceleradamente todas aquellas ordenes compra que estuvieron suspendidas durante el período de cuarentena en China, rápidamente las bodegas de los buques comenzaron a colapsar y de su mano, las tarifas de flete se dispararon de un modo fantástico. El monopolio de oferta siempre es una variable polémica, cuando el monopolio es global, más aún. Actualmente trasladar un contenedor de 20 pies desde China hasta Argentina oscila los 4000 – 45000 dólares, con un detalle muy interesante, quizá el más importante, nada garantiza que pagando esta tarifa la carga pueda ser transportada efectivamente. Básicamente porque la demanda se disparó exponencialmente y la capacidad de buques es cada vez más limitada.

La buena noticia es que, a diferencia de otras recesiones de envergadura en el pasado, el batacazo económico no está produciendo —hasta ahora— un efecto dominó sobre los bancos: la crisis financiera parece, por ahora, descartada. Y eso es un elemento no menor para la esperanza en una región en la que la solvencia del sector financiero ha sido, y sigue siendo, motivo de preocupación de primer orden. La inflación, otro histórico caballo de batalla para los países latinoamericanos, también está bajo control salvo en Venezuela o Argentina, que arrastran sus propias dinámicas desde mucho antes de que el término covid-19 empezase siquiera a sonar en los medios de comunicación.

Un reto más en un horizonte plagado de desafíos.

 

 

Lic Marcela Chalub

Octubre 2.020

 

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