Buenos Aires, Miercoles, 25 de Noviembre
2 septiembre, 2020 9:48 Imprimir

¿Cuál será el futuro del teletrabajo en América Latina y el Caribe? – Dr. Alfredo Collosa

 

 

Mediante el presente artículo comento algunos aspectos vinculados al Teletrabajo y su futuro en América Latina y el Caribe (ALyC), considerando para ello información que surge de recientes informes de Organismos Internacionales.

 

Para ello en primer lugar preciso el concepto del Teletrabajo y su evolución a lo largo del tiempo, con datos respecto de la cantidad de personas que tele trabajaban previo a la pandemia del coronavirus.

 

En una segunda parte detallo el tema de la importancia de las Tics y la conectividad para poder desarrollar el teletrabajo, así como de las competencias digitales.

 

En la tercera parte se intenta indagar respecto de que personas, profesiones, oficios, empleos o sectores son los que pueden realizar el trabajo desde el hogar en la región de ALyC.

 

Finalmente presento algunas reflexiones y propuestas de los temas tratados y de lo que puede llegar a ser el futuro del teletrabajo en la región.

 

1. El teletrabajo – Evolución del concepto. Cantidad (previa coronavirus)

 

El Teletrabajo es un concepto que ha ido teniendo una evolución a través del tiempo ligado a las nuevas Tics.

 

Se lo puede definir al Teletrabajo como al trabajo realizado a distancia utilizando las Tics para así vender productos o prestar servicios al mundo.

 

Entre las Tics necesarias para estas tareas son básicamente PC, Internet, celular, teléfono y cámara digital, entre otras.

 

Dentro de Internet se engloba principalmente la navegación web y el correo electrónico. Y, según el caso, blogs, sitios web, software de traducción, mensajería instantánea (chat) y telefonía IP (voIP).

 

Según un libro de reciente publicación[1] el concepto de teletrabajo ha ido evolucionando.

 

Primero se hablaba de “oficina en el hogar”, ya que el hecho de poder tener tecnología como computadoras e internet en la casa abrió la oportunidad de trabajar fuera de la empresa.

 

Luego se pasó al concepto de “oficina móvil”, ya que los teléfonos celulares, laptops y tabletas permitieron que el teletrabajo no tenga que ser exclusivamente desde el hogar, sino desde cualquier lugar donde haya una conexión a internet o a una red de datos.

 

La última etapa de esta evolución es la “oficina virtual”, que expande el concepto anterior con la aparición de los teléfonos inteligentes y la capacidad de tener información en la nube.

 

En un reciente documento del BID[2] se realiza la siguiente distinción:

 

-Trabajo A Domicilio:  sus orígenes se remontan a la revolución industrial, y está asociado a la realización de trabajos manuales, artesanales o de manufactura en los sectores textil y de confección realizados en pequeños talleres familiares ubicados en el domicilio del trabajador.

 

-Trabajo A Distancia: incluye el trabajo en el domicilio y agrega además la prestación de servicios (que puede ser o no en el domicilio del trabajador).

 

-Teletrabajo: enfatiza el rol que juegan las TIC en la relación laboral y se lleva a cabo de manera regular fuera de las instalaciones del empleador.

 

- Smart Working: se refiere a la posibilidad de decidir no solo desde dónde trabajar, sino también cuándo hacerlo (flexibilidad en la jornada de laboral).

 

Cabe destacar que el Teletrabajo, previo a la pandemia del coronavirus, era un concepto que no tenía generalizada aplicación ni en el sector público ni privado, y en muchos países había fuertes cuestionamientos al mismo.

 

Respecto al número de tele trabajadores se conocen estudios previos al coronavirus.

En uno de ellos citado en un artículo del BID[3] se dijo que, antes del coronavirus, Brasil era el país con más empleados trabajando desde sus casas, con 12 millones de tele trabajadores, seguido de México (con 2,6 millones), Argentina (con 2 millones) y Chile (con 500 mil).

Este estudio lo realizó la empresa 5G américas en el año 2018 y allí se dijo que Brasil tiene también un porcentaje mayor de personas haciendo teletrabajo en relación a su población económicamente activa (12%), si se compara con los demás países.

 

La investigación sugiere que es necesario ampliar las redes de telecomunicaciones en la región para masificar el teletrabajo, tal y como lo recomienda la Organización Internacional del Trabajo.

 

Respecto a Europa, también previo a la pandemia del coronavirus, existe un informe de OIT Eurofund[4]donde se sintetiza la investigación llevada a cabo por la red de corresponsales europeos de Eurofound en diez Estados miembros de la UE –Bélgica, Finlandia, Francia, Alemania, Hungría, Italia, Holanda, España, Suecia y Gran Bretaña– y consultores de OIT en Argentina, Brasil, India, Japón y Estados Unidos.

 

Los países analizados en este informe con altos porcentajes de teletrabajo incluyen a Finlandia, Japón, Holanda, Suecia y Estados Unidos.

 

En general, la incidencia del teletrabajo varía sustancialmente de 2% a 40% de empleados, dependiendo de país, ocupación, sector y frecuencia con la que los empleados participan en este tipo de trabajo.

 

En UE-28, un promedio de aproximadamente 17% de empleados participa en teletrabajo.

 

En otro artículo[5] previo a la situación del coronavirus se dice que trabajar desde casa es una práctica excepcional en la UE donde solo el 5,2% de la población activa lo hacía. Según datos de Eurostat (2018) los países que más apuestan por teletrabajo son los del centro y norte de Europa como Holanda (14%), Finlandia (13,3%) o Luxemburgo (11%). En España esa cifra fue del 4,3% para 2018 frente al 3,1% para 2008.dia, Japón, Holanda, Suecia y Estados Unidos.

 

2. BRECHA DIGITAL. CONECTIVIDAD Y TICS PARA REALIZAR EL TELETRABAJO.

En un reciente informe la CEPAL[6] instó a garantizar y universalizar la conectividad y asequibilidad a las tecnologías digitales para enfrentar los impactos provocados por la pandemia del coronavirus en la región.

En el cuadro se presentan los mensajes principales del informe.

 

En el informe de CEPAL se dice que la brecha de acceso profundiza las desigualdades ya que condiciona el derecho a la salud, la educación y el trabajo, al tiempo que puede aumentar las desigualdades socioeconómicas.

 

En 2019, el 66,7% de los habitantes de la región tenían conexión a Internet. El tercio restante tiene un acceso limitado o no tiene acceso a las tecnologías digitales debido a su condición económica y social, en particular su edad y localización.

 

Para garantizar y universalizar la conectividad y asequibilidad a las tecnologías digitales para enfrentar los impactos provocados por la pandemia del coronavirus en la región, la CEPAL propuso cinco líneas de acción.

 

Este informe de CEPAL  va en línea con una reciente publicación del FMI[7] donde se concluye que el bajo acceso a Internet conduce a la desigualdad.

 

El coronavirus desencadenó una migración masiva de lo analógico a lo digital y el acceso a Internet es crucial para la inclusión socioeconómica.

 

La brecha digital es más como un abismo, tanto dentro como entre países.

 

Aun así, el uso de Internet sigue siendo un lujo: la mitad de la población mundial no tiene acceso a Internet, ya sea a través de un dispositivo móvil o de banda ancha de línea fija.

 

Como se muestra en este gráfico la brecha digital, la brecha entre quienes tienen acceso a Internet y quienes no la tienen, es más como un abismo, tanto dentro como entre países.

 

Las economías avanzadas como Estados Unidos, Francia, Alemania, Reino Unido y Canadá tienen las tasas de acceso más altas. Las grandes economías emergentes muestran grandes disparidades en la proporción de usuarios de Internet en sus poblaciones, que van desde aproximadamente dos tercios en Brasil y México hasta aproximadamente un tercio en India.

 

Respecto a cómo pueden los formuladores de políticas apoyar el acceso asequible y universal a Internet el informe del FMI dice que los gobiernos pueden fomentar un entorno empresarial y normativo amigable con lo digital para el sector privado.  Esto puede ser instrumental para acelerar y financiar inversiones en infraestructura.

 

Las políticas también deberían estar orientadas a cerrar la brecha de Internet para las empresas.

 

3. ¿Quiénes pueden realizar teletrabajo en ALyC?

 

El informe de CEPAL[8] dice que antes de la pandemia, el 7,9% de los trabajadores del mundo trabajaba permanentemente desde su hogar, principalmente en ocupaciones manufactureras y artesanales tradicionales, pero solo una minoría lo hacía mediante teletrabajo.

 

La proporción de trabajo susceptible de realizarse a distancia varía entre países por razones estructurales, tales como las estructuras de los mercados laborales, las estructuras productivas, los niveles de informalidad y la calidad de la infraestructura digital juegan un papel fundamental.

 

En relación al porcentaje de puestos de trabajo que pueden migrar al teletrabajo, el reporte precisa que está positivamente vinculado al nivel del PIB per cápita y a menores grados de informalidad.

 

En Europa y los Estados Unidos, casi el 40% de los trabajadores puede trabajar desde su hogar, mientras que, en el caso de América Latina, la CEPAL estima que alrededor del 21,3% de los ocupados podría tele trabajar.

 

En la región, el porcentaje de ocupaciones en las que se podría tele trabajar está condicionado por los elevados niveles de informalidad, que en 2018 alcanzaban más del 50% del empleo total.

 

Ello debido a que la mayoría del empleo informal se concentra en sectores que necesitan interacción física, por lo que no se puede desarrollar en forma remota.

 

A nivel sectorial, la probabilidad de tele trabajar es mayor del 80% en los servicios profesionales, científicos y técnicos, la educación, las finanzas y los seguros.

 

En los países de la región, estos sectores representan menos del 20% de los ocupados.

Por el contrario, las probabilidades de tele trabajar de los ocupados en el comercio mayorista y minorista y la agricultura son del 15% y el 1% respectivamente.

 

Otros factores condicionantes para realizar el teletrabajo son la infraestructura digital, el nivel de digitalización de las empresas y las habilidades digitales.

 

En la mayoría de las ocupaciones que se pueden desarrollar de manera remota los trabajadores tiene un mayor nivel de formación y, en promedio, perciben salarios mayores que los de las actividades que no se pueden hacer en forma remota.

 

Durante la crisis, quienes desarrollan actividades básicas o manuales y no pueden migrar al teletrabajo están más expuestos a reducciones salariales o pérdidas de empleo, mientras que los trabajadores más calificados pueden mantener sus ingresos.

 

Cabe destacar que también una reciente publicación del FMI[9] analiza el futuro del teletrabajo. Se investigó la viabilidad de trabajar desde casa en una gran muestra de economías de mercado avanzadas y emergentes.

 

Allí se estimó que casi 100 millones de trabajadores en 35 países avanzados y emergentes (de los 189 miembros del FMI) podrían estar en alto riesgo porque no pueden hacer su trabajo de forma remota.

 

Esto es equivalente al 15 % de su fuerza laboral, en promedio. Pero hay diferencias importantes entre países y trabajadores.

 

El estudio encontró diferencias significativas entre países, incluso para las mismas ocupaciones.

 

Es mucho más fácil tele trabajar en Noruega y Singapur que en Turquía, Chile, México, Ecuador y Perú, simplemente porque más de la mitad de los hogares en la mayoría de los países emergentes y en desarrollo ni siquiera tienen una computadora en casa.

 

En el gráfico se presentan los principales resultados del estudio.

 

En general, los trabajadores de alimentos y alojamiento, y el comercio mayorista y minorista, son los más afectados por tener los trabajos menos “tele trabajable”.

También el estudio concluye que algunos trabajadores son más vulnerables que otros.

 

Los trabajadores jóvenes y aquellos sin educación universitaria son significativamente menos propensos a trabajar de forma remota.

 

En las economías en desarrollo, en particular, los trabajadores a tiempo parcial y aquellos en el trabajo informal enfrentan un riesgo dramáticamente mayor de caer en la pobreza.

 

En el caso particular de Argentina en un informe[10] se concluyó que  el porcentaje de trabajos que tiene el potencial para realizarse desde el hogar se encuentra entre un 27% y un 29% de los trabajos totales, ratio que se reduce sensiblemente si corregimos la estimación por el uso efectivo de TIC en los hogares, llegando a una estimación de piso de 18% en el caso de uso de computadoras.

 

Aun así, estos porcentajes difieren sensiblemente del que resulta de estimar cuantos trabajadores efectivamente trabajan desde el hogar: menos del 8%.

 

Si bien hay ocupaciones que podrían ser tele trabajable con alguna reasignación de tareas, uno 4,8 millones de trabajos -esto es, un 40% de los trabajadores detectados en EPH- requieren críticamente de la interacción física para ser llevados a cabo.

 

4. Algunas reflexiones finales

 

Como alertan los informes de los Organismos Internacionales la brecha digital profundiza las desigualdades ya que condiciona el derecho a la salud, la educación y el trabajo, al tiempo que puede aumentar las desigualdades socioeconómicas.

 

La conectividad y asequibilidad a las tecnologías digitales es clave para poder enfrentar los impactos provocados por la pandemia del coronavirus en la región.

 

Estoy convencido que apostar por la digitalización debería ser una política de estado, donde se debería trabajar en forma conjunta entre sector público y privado bajo un fuerte apoyo político y una mayor cooperación a nivel internacional.

 

La digitalización abre nuevas posibilidades y oportunidades a los países y sus ciudadanos para desarrollarse.

 

Por ello, las políticas para fomentar una recuperación inclusiva deben tener como objetivo abordar la brecha digital dentro y entre los países.

 

Una reciente publicación del BID[11] afirma que el desarrollo de la digitalización, a través de avances en eficiencia y el uso de las tecnologías digitales pueden impulsar un crecimiento de 5,7 puntos porcentuales en los próximos 10 años en América Latina y el Caribe, lo que supone USD 325.000 millones.

 

De los recientes informes también queda en claro que no todos los trabajos son susceptibles de realizarse desde el hogar.

Al respecto parece que la posibilidad de realizar teletrabajo dependería del nivel del PIB per cápita y del menor grado de informalidad, ello debido a que la misma se concentra en sectores que necesitan interacción física, por lo que no se puede desarrollar el trabajo en forma remota.

La pos pandemia se caracterizará por una nueva demanda basada en canales en línea lo que implicará un esfuerzo de los países y el sector privado por entregar un mejor servicio. La nueva oferta laboral se caracterizará por la flexibilidad, la cercanía local y la capacidad de reacción.

 

Es clave que cuando se produzca la reapertura de la economía se consideren planes de retorno a los lugares de trabajo privilegiando las ocupaciones de salarios más bajos que no se pueden desarrollar desde el hogar.

 

El futuro del teletrabajo requerirá de una articulación entre los empleadores, los trabajadores, los sindicatos y el Estado, tanto del sector público como privado.

 

En definitiva, implicará acelerar la transformación de las Tics, la infraestructura digital, el nivel de digitalización de las empresas y la adopción de habilidades blandas y digitales por parte de los trabajadores siendo asimismo vital contar con marcos regulatorios adecuados para potenciar la herramienta.

 

Dr. Alfredo Collosa

Septiembre  2.020


[2] “El futuro del Trabajo en América Latina y el Caribe ¿cómo garantizar los derechos de los trabajadores en la era digital? Del BID https://publications.iadb.org/es/el-futuro-del-trabajo-en-america-latina-y-el-caribe-como-garantizar-los-derechos-de-los-0

[3]Coronavirus un experimento de teletrabajo a escala mundial: https://blogs.iadb.org/trabajo/es/coronavirus-un-experimento-de-teletrabajo-a-escala-mundial/

 

[4] OIT Eurofund Trabajar en cualquier momento y en cualquier lugar: consecuencias en el ámbito laboral. 2019

[10] Ramiro Albrieu. Evaluando las oportunidades y los límites del teletrabajo en tiempos del Covid. CIPPEC. Abril 2020

 

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