Buenos Aires, Lunes, 19 de Octubre
27 julio, 2020 23:21 Imprimir

Tributos (incluidos los aduaneros) – Una mirada a la situación actual – Dr. Jorge Haddad

 

 

¿Con qué divisas vamos a pagar la deuda externa?

 

No hay duda que en algún momento de nuestra historia vamos a tener que pagar los compromisos asumidos, como lo hemos hecho en las últimas décadas.

 

Sin embargo, la película que estamos viendo en la materia económica de los recientes tiempos no demuestran una propensión y ni siquiera una visión que tienda a la obtención de los ingresos necesarios para poder honrar las deudas.

 

En efecto, la necesidad de ingresos, por la disminución en la recaudación, lleva a acentuar la incidencia económica en los tributos que se aplican a la importación y a la exportación.

 

Recordemos que este tema provocó la primera reforma de nuestra constitución al establecer que esos ingresos serán exclusivos y permanentes a la nación. Esa discusión fue en 1860 pero el tema está vigente.

 

Este hecho no ha sido debidamente ponderado o exprofeso no tratado en las posteriores reformas a nuestra carta magna.

 

Los derechos de exportación e importación en nuestro país han sido la herramienta predilecta utilizada por todos los gobiernos, para intentar equilibrar los crónicos déficits en la balanza de pagos producto de endeudamiento inadecuado y de los perjuicios de los términos de intercambios. Es histórico.

 

Volviendo a los derechos de importación o exportación, podemos graficar como la última de las etapas de la imposición en nuestro país, sean productos de la naturaleza o industriales, o servicios.

 

En efecto, en cualquier actividad inicial vemos reflejados los denominados impuestos sobre los consumos, que resultan esenciales para iniciar cualquier proceso, sea sobre la energía en cualquier forma de utilización, los insumos necesarios y las materias primas correspondientes. Todos esos insumos llevan tributos nacionales, provinciales y municipales.

 

Las siguientes etapas no difieren en la imposición, pues los impuestos estarán presentes en todos los productos, servicios y materias primas y hasta podemos detectar en algunos de ellos la presencia de los derechos de importación y en otros casos el producto importado terminado.

 

En esa etapa, hace su aparición el derecho de exportación que, debemos recalcar, es escasamente utilizado en el mundo pues nadie pretende castigar su propia producción con un impuesto cuando es exportado.

Sin embargo, tradicionalmente en nuestro país ante cualquier situación económica difícil se utilizan inmediatamente los institutos de los denominados derechos de importación o de exportación.

 

Es la herramienta tributaria más eficaz e inmediata para obtener recaudación o incrementarla, pero sus efectos en la economía resultan muchas veces nefastos pues retrasan la evolución normal de un proceso iniciado para poder colocar un producto en el exterior, lo que no resulta un tema menor ni fácil.

 

Cuando las ventajas comparativas de nuestro país lo permiten o la necesidad de ese producto en el exterior aumenta, la evolución de la exportación continúa pese a la menor rentabilidad, pero en muchos casos produce el efecto contrario, o sea se aborta el proceso al no resultar competitivo y deja de exportarse.

 

Se logra el efecto no buscado porque disminuye o anula la recaudación.

 

La pandemia y en especial la cuarentena rigurosa y extensa, discutible o no, ha logrado crear una calamidad económica que podríamos afirmar que es única en la historia de nuestro país.

 

Ello, sumado a la situación económica sumamente precaria de los últimos años nos exponen ante un crítico panorama.

 

A ello se suma que el estado no ha podido tener acceso a préstamos externos, como lo han hecho todos nuestros vecinos, pues nos encontramos en default.

 

La conclusión es que se vuelven a aplicar tributos sobre las exportaciones, en especial a nivel provincial y municipal, aunque la legislación no lo permita, pero se disfrazan de tasas o contribuciones extraordinarias, pues mediante la pandemia justifican lo que no pueden.

 

Esa imposición entorpece lo poco que puede quedar de incentivo a la exportación en un contexto mundial que también está en crisis.

 

En estos momentos circulan varios denominados proyectos de un nuevo sistema tributario, pero debe definirse en primer lugar las políticas de estado y en consecuencia la política económica y recién a continuación se utilizarían las herramientas que correspondan para analizar los impuestos que correspondería implementar, caso contrario es colocar el carro delante de los caballos.

 

Sin perjuicio de lo expuesto existe otro elemento inédito provocado por la cuarentena, que encontró al estado en casi todas sus áreas totalmente desprevenido, pues el futuro se instaló en el hoy: la digitalización de las comunicaciones y transacciones, que poco a poco se estaban incorporando a la burocracia, fue un tsunami que en forma inmediata inundó la actividad privada estatal.

 

 

No desconozco que alguna área estatal estaba en camino de reconvertirse y que existen numerosos “trámites a distancia”, pero no resultan abarcativos de todas las actividades y en menor medida se aplica en los organismos de recaudación.

 

Por otra parte, al no estar realizando el trámite en forma personal y hasta que la digitalización funcione, aceitada y aceleradamente, las demoras en las respuestas a las presentaciones resultan notorias con las complicaciones que ello implica.

 

En efecto, no existe una persona con la que físicamente se pueda interactuar, con lo que antes podía expresarse o exponerse la urgencia en la resolución de un trámite, pero hoy nos encontramos con que no existe persona humana que conteste.

 

Por ejemplo, el inicio del trámite de admisión temporaria de un producto, antes se hacía la presentación personal y era tácito que al día siguientes se pasaba a buscar la documentación, pero ahora es digital y nunca se sabe si la respuesta será al día siguiente, la semana siguiente o Dios sabe cuándo.

 

La situación crítica social, económica, administrativa e informática debe forzar un replanteo del diagnóstico y de la planificación que se proponga a la sociedad, que debe ser totalmente diferente a lo que históricamente se hizo en situaciones similares con anterioridad.

 

O cambiamos esta vez, aprovechando la situación, o seguiremos agravando los problemas con los que convivimos las últimas décadas.

 

Dr. Jorge Haddad

Abogado

Consultor en Derecho Tributario

Julio 2.020

 

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