Buenos Aires, Jueves, 4 de Junio
12 mayo, 2020 0:15 Imprimir

COVID – 19. Aversión al riesgo y pensamiento estratégico en la decisión – Lic Marcelo Rozas Garay

 

 

Las crisis y los conflictos en su evolución tienden a adquirir su propia dinámica, crean flujos propios, los que en muchos casos pueden transformarlos en ingobernables sino existe una estrategia y objetivos claros de las partes que actúan sobre él. En muchos casos, generan efectos colaterales con mayor impacto negativo que el propio accionar de la causa que alimenta la crisis.

Esta dinámica propia dificulta gobernarlos y la adopción de decisiones para encaminar una salida. Todos los conflictos, independientemente de su naturaleza y de quien intenta gobernarlos, inexorablemente arriban un fin y a una salida. Lo importante es que esa salida sea un proceso guiado, no aleatorio, en donde la intención de proteger un bien – en este caso la salud – no genere efectos colaterales mayores que el mismo COVID – 19.

En esta crisis las partes intervinientes son ciudadanos frente a una agresión que les es común – COVID – pero que los impacta de manera distinta. Al priorizarse el cuidado de la salud de todos, muchos ven afectadas seriamente sus formas de supervivencia mientras que otros no, debido a que desarrollan una actividad considerada esencial respecto del bien protegido; la salud.

En este escenario, la ayuda prevista para disminuir los efectos colaterales, que no son tan colaterales por su gran impacto económico y social, no llega y no suple las necesidades y en muchos casos es producto de la ineficiencia del sistema.

No basta con la construcción social de concientización, prevención y auto restricción ya eficazmente instalada. Para gobernar una crisis, transitarla y definir una salida, debemos asumir que todas las decisiones implican riesgo. Frente a ello, quien dirige puede tener o no propensión a asumir los menores riesgos, pero debe comprender que, con su decisión, puede ahondar los efectos de la crisis en lugar de morigerarlos ya que no domina todas las variables y su dinámica puede serle ajena.

Ninguna crisis de estas características tiene una sola opción y eso lo demuestran las distintas estrategias que han adoptado otras naciones. La opción y la decisión la adoptan quienes gobiernan de acuerdo con su expertise o a su aversión al riesgo y en esto se puede acertar o equivocarse. Lo que no se puede hacer es inducir a pensar que la opción o estrategia decidida es la única.

Muchos autores coinciden que la aversión al riesgo tiene relación directa respecto del miedo al riesgo que poseemos como personas al decidir entre opciones. Se asocia a la preferencia de la persona de elegir lo menos riesgoso frente a una opción quizás más beneficiosa.

Si bien es un concepto muy aplicado al inversor financiero, creemos que es válido plantearlo ante esta crisis ya que más allá de que toda decisión entre opciones pueda basarse en información, evidencias y conocimiento, no deja de ser un acto humano de nuestros dirigentes.

El proceso de toma de decisión debe incluir un criterio de pensamiento estratégico y no solo atender lo coyuntural. Este permite anticipar el impacto de las acciones con una visión de mediano y largo plazo, ya que la decisión de hoy puede tener un impacto negativo y mayor a futuro.

Toda decisión comprende opciones que poseen la condición de resolver la crisis planteada. Si no, no son opciones válidas. No es blanco o negro. Lo presentado al decisor debe ser integral y comprender el todo. De no ser así, los efectos no contemplados pueden generar que la solución no sea tal.

Lic. Marcelo Rozas Garay

 

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