Buenos Aires, Sabado, 24 de Octubre
18 febrero, 2020 13:01 Imprimir

LAS RETENCIONES DESDE DISTINTAS ÓPTICAS – MARIO R. ARBOLAVE

 

 

 

Se muestran las retenciones desde distintas ópticas, que contrastan en cuanto a su impacto en el agro, en la generación de divisas, en las finanzas públicas y en la opinión pública.

 

Los derechos de exportación, comúnmente denominados “retenciones” por el simple hecho de que constituyen un monto retenido por el Estado, son rechazadas en forma unánime por el sector agropecuario.

 

Por tratarse de un impuesto que se aplica sobre el valor FOB de exportación, su gravitación es doblemente nefasta, en primer término, por tratarse de un fenomenal impuesto sobre los ingresos brutos que no se aplica en ningún lugar del mundo, y segundo, por su desconexión con los resultados del agro, que son cíclicos por naturaleza.

 

Al gravar los ingresos y no los resultados, el agro está recortado en sus posibilidades de inversión, tecnificación y desarrollo, puesto que la brecha entre el dólar neto al que se venden los productos de exportación contrasta con el dólar de importación de los insumos y bienes de capital que requiere el campo.

 

No hace falta graficar la forma en que las condiciones climáticas locales o en otras latitudes, favorables o adversas, impactan sobre los resultados agrícolas. Con muy poco que bajen los rindes o los precios la situación del agro se complica, resume el Espantapájaros, que insiste desde el llano, que el impuesto más equitativo es el que grava las ganancias y que todos los demás (los que impiden que haya ganancias) deberían derogarse de inmediato, empezando por las retenciones.

 

Pero nada de eso está en el horizonte. Por el contrario, ante cada emergencia económica, se apela a que el campo ponga el hombro, sin medir las consecuencias sobre la producción, sobre la generación de divisas y sobre los saldos exportables.

 

Lejanos son los tiempos en los cuales se apuntaba a bajar alícuotas para que el campo aumentara la producción, y para que el efecto multiplicador del agro se tradujera en mayor nivel de actividad en todos los sectores vinculados directa o indirectamente con en negocio agropecuario.

 

Desde la óptica del agro las retenciones son una piedra a remover para que el agro pueda constituirse en locomotora del crecimiento.

 

Pero la tropa de aquellos que miran las retenciones como una solución sencilla para tratar de equilibrar las cuentas públicas es mucho mayor que la del agro, que las repudia.

 

Esa tropa está compuesta por economistas que están convencidos de que todas las recetas para aumentar los ingresos fiscales son válidas. Desde esa óptica, el agro vale más por su capacidad contributiva que como factor de tracción del crecimiento.

 

Se suman a la cofradía de quienes no desaprueban las retenciones los técnicos de organismos internacionales, a quienes les interesa más lo general (la reducción del déficit fiscal) que lo particular (el agro). La visión es compartida por acreedores externos, que, ante proyecciones de mayor equilibrio en las cuentas públicas, están más tranquilos en cuanto a la capacidad de repago de los compromisos de deuda. Es curioso, porque esas recetas de gravar las exportaciones no se aplican en otros países que tienen una relación deuda/PBI y un déficit mayor que la Argentina.

 

Un número creciente de argentinos, que no están obligados a entender el costado negativo de las retenciones y tampoco monitorean el rojo de las cuentas públicas, se mueven al ritmo de otros indicadores que marcan que, con más recursos en manos del Estado, la economía del bienestar está garantizada.

 

Ante presiones crecientes por aumentar el gasto público, el Estado presiona con más impuestos. Y la receta que está más a mano es la de subir las alícuotas de las retenciones.

 

El equilibrio entre ingresos y gasto público es imperioso, pero no es lo mismo aumentar la presión fiscal que bajar el gasto. Tampoco es lo mismo recaudar por la vía del impuesto a las ganancias, que colgarse de los ingresos sin reparar en el hecho de que se está destruyendo la posibilidad de lograr ganancias.

 

Luego de décadas de inflación, endeudamiento y déficit en las cuentas públicas es ponderable que la prédica de apuntar al equilibrio de las cuentas públicas forme parte de la agenda política. Pero el aumento de las retenciones es, claramente, el camino equivocado pese a que puede generar mayores ingresos fiscales en forma casi inmediata. Pan para hoy, hambre para mañana.

 

El agro tiene la posibilidad de constituirse en locomotora de crecimiento, sin necesidad de subsidios. Basta con que le saquen la pata de encima. Lo ha demostrado con creces cada vez que se redujeron alícuotas de retenciones.

 

El desafío de revertir las ideas de los economistas que no terminan de valorar el potencial del agro, de los técnicos de idea fija y de los millones de compatriotas que presionan por sistemáticos aumentos del gasto público, no será sencillo. Economistas y técnicos deberían entender una ecuación sencilla, de que con más producción se logran mayores saldos exportables y más actividad en todos los pueblos. El problema es que muchos tienen mayores expectativas puestas en lo que pueden recibir del Estado, que en lo que pueda generarles una Argentina más pujante.

 

MARIO R. ARBOLAVE

Director de Márgenes Agropecuarios

 

 

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