Buenos Aires, Viernes, 7 de Octubre
9 febrero, 2015 6:00 Imprimir

UIA: Acuerdo Argentina – China opinión de la entidad

 

 

El Convenio Marco de Cooperación en Materia Económica y de Inversiones entre el Gobierno de la República Argentina y el Gobierno de la República Popular China, que cuenta con media sanción en el Senado [1], plantea una serie de consecuencias de largo plazo en cuanto al posicionamiento de la Argentina a nivel global. Esto requiere un amplio debate entre los actores involucrados y mayores niveles de transparencia de la información.

El Convenio con China contiene cláusulas de enorme riesgo para el desarrollo argentino. Bajo la premisa de permitir equilibrar la balanza comercial bilateral, el Estado argentino brindaría condiciones preferenciales al Estado chino y a sus empresas (estatales y privadas), tales como:

La posibilidad de adjudicación directa de proyectos de infraestructura con un horizonte de 5 años, a cambio de financiamiento de origen chino (art. 5). Esta cláusula excluiría de forma manifiesta la provisión local de bienes y servicios argentinos, que no cuentan con dichas posibilidades de financiamiento.

La posibilidad de contratación de mano de obra de origen chino en las mismas condiciones que el mercado laboral argentino (art. 6), desplazando por tanto la mano de obra local.

La posibilidad de firmar convenios específicos entre entidades gubernamentales (art. 2) para viabilizar la cooperación bilateral, asignando discrecionalidad a la autoridad de aplicación (Ministerio de Economía y Finanzas Públicas, en el caso argentino) para la decisión de planes quinquenales de desarrollo en sectores preferenciales, quedando fuera del control legislativo.

Las facilidades que se otorgaría a aquellos ciudadanos chinos que hayan logrado el permiso de trabajo, de realizar cualquier tipo de actividad lucrativa en igualdad (y competencia) con los argentinos, lo cual incluye potencialmente la compra de tierras y su usufructo.

A su vez, la falta de información sobre los contenidos de los acuerdos específicos en dicho convenio – desconocidos hasta el momento por la opinión pública – impide un análisis integral del mismo.

Es importante resaltar, además, que ninguna de estas facilidades de adjudicación directa y en particular la sustitución de mano de obra nacional por mano de obra china han sido otorgadas por nuestro principal socio comercial (Brasil), país que firmó en 2014 acuerdos similares de cooperación con China.

Durante la última década, la estrategia de China ha perseguido dos objetivos centrales:consolidar sus empresas transnacionales en cadenas globales de valor y obtener materias primas e insumos de baja elaboración para sus crecientes necesidades productivas y de empleo. En este sentido, la relación comercial bilateral con China implicó para la Argentina que, luego de 7 años de superávit comercial, su balanza comercial sea deficitaria desde 2008.  Más aun, el déficit comercial acumulado en los últimos cuatro años (2011-2014) ascendió a USD 20.380 millones.

Es en este marco, donde el mundo está transitando cambios y reconfiguraciones permanentes en materia económica, política y comercial, resulta clave establecer Acuerdos y Tratados Internacionales que favorezcan el desarrollo económico, productivo, tecnológico y social del país. Una inserción global inteligente es condición necesaria para el desarrollo económico y social. Pero la misma debe priorizar la generación de empleo argentino y del desarrollo de las potencialidades productivas.

En un mundo que avanza hacia mega acuerdos entre regiones y donde la generación de conocimiento, empleo de calidad y desarrollo tecnológico deben estar a la cabeza de los objetivos, el rol de la Argentina debe ser el de aprovechar las oportunidades comerciales y financieras que brinda la economía global, tanto con China como con otras regiones, con el objeto de  transformar riquezas naturales en productos manufacturados y con valor agregado. Argentina en particular y el Mercosur en general tienen la necesidad de pensar una estrategia común clara de integración al mundo. El comercio intrarregional en América del Sur y Central representa alrededor del 27% del total. Elevarlo a un 40% es fundamental para dar respuestas a los desafíos de la región[2]. América Latina es una importante proveedora de materias primas y de alimentos semi elaborados. Por lo tanto, comercializar más y mejores productos industriales y alimentos elaborados desde la región generaría divisas y empleos adicionales. Para ello, firmar acuerdos inteligentes sin descuidar las capacidades nacionales debe ser el medio para llegar a ese fin.

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[1] Fue firmado el 18 de julio del 2014 entre los presidentes de ambos países y fue remitido al congreso el 15 de diciembre, habiendo sido aprobado por el Senado de la Nación dos semanas después.

[2] En las regiones desarrolladas el comercio intrarregional supera el 50% del total. En Europa llega al 69%, en Asia el 53% y en América del Norte un 49%, mientras que en las regiones de la Comunidad de Estados Independientes (CEI) llega al 19%, en África al 16% y en Oriente Medio al 10%.

 

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