Buenos Aires, Sabado, 26 de Mayo
2 mayo, 2018 11:50 Imprimir

La desvirtuación del Sistema de Asientos de Alerta – Dra. Cecilia Porcel

 

 

 

Antes de empezar quiero contar qué es este Sistema de Asientos de Alerta. En un principio, fue creado para establecer la prohibición de importar o exportar bajo cualquier destinación aduanera definitiva o suspensiva, mercaderías con marcas de fábrica o comercio falsificadas, de copia pirata, o que vulnere otros derechos de propiedad intelectual o de propiedad industrial que la legislación nacional reconoce a su titular (Artículo 46 de la Ley Nº 25.986).

La idea de ésta creación fue magnífica ya que implementó una gran medida para ayudar a frenar que se comercialice productos con falsificación marcaria.

El funcionamiento es el siguiente: se identifica mercadería al momento de registrarla de una destinación a los Importadores/Exportadores que no son titulares de derechos de propiedad intelectual o industrial y se da aviso a los titulares a fin de identificar si la mercadería es falsificada.

Sucede que a la fecha, esto se desnaturalizó y derivó en un gran problema. Muchas grandes marcas, con el auxilio de algunos grandes estudios del país se han aprovechado de éste Sistema por demás. Solo con Inscribir su marca en la base de datos del Sistema de Asientos de Alerta de la Aduana, tienen el privilegio de decidir -siempre que cualquier otro pequeño empresario quiera ingresar mercadería similar a la de la empresa registrada en Aduana- si le autorizan seguir su camino, o si prefieren detenerla en frontera, con la excusa de que es una falsificación de sus productos.

Está claro cuál es la opción por la que optan, ya que así la marca se asegura de no tener competencia alguna en el mercado y por su parte los abogados se aseguran de seguir facturando honorarios por cada alerta que reciben y deciden  denunciarla como falsificada. Se ha llegado al absurdo por parte de la Aduana de frenar mercadería imputándola de falsificada, siendo que la supuesta “marca” infringida ya se encontraba vencida en su registro en el INPI.

Desgraciadamente se ha perdido el foco de la verdadera razón para la que fue creado el Sistema de Asiento de Alerta. Está demostrado cómo perjudica a marcas menores y cómo privilegia a marcas mayores. Productos que nada tienen de falsificados, incluso con marca propia registrada en el Instituto Nacional de la Propiedad Industrial,  tienen que pagar el alto precio de tener su mercadería incautada en depósitos de altísimo valor de la aduana por meses o años, y con la consecuencia adicional, de que sus productos ya no tendrán el mismo valor cuando finalmente los puedan recuperar –si es que alguna vez pueden- probablemente porque ya hayan perdido su vigencia en el mercado. ¿Quién iría a comprar un teléfono que fue retenido en el año 2012 cuando estamos en el año 2018?

La aduana no es un actor secundario en toda esta secuencia, sino que es el que brinda el “resguardo” a las grandes marcas. En el momento en que alerta a los representantes de las marcas, y estos se manifiestan denunciando que se trata de una falsificación de la marca que representan, ya no hay vuelta atrás para aclarar nada. Las marcas más débiles pierden y no les queda otra que enfrascarse en un juicio que dura años, perdiendo dinero y perdiendo su mercadería -la cual era legítima-, al mismo tiempo que los denunciantes triunfan en el mercado sin competencia alguna. Como factor agravante, ni siquiera se le exige a la empresa que imputa el supuesto delito de fraude marcario y que manda detener la mercadería en Aduana, una fianza como norma el art. 53 del Acuerdo TRIPs. Así de fácil, así de barato le resulta disponer del mercado.

Dicho de otra forma, se está utilizando el Sistema de Asientos de Alerta en muchos casos, para facilitar una competencia desleal a expensas de una posición dominante. Ya no se detiene mercadería falsificada como indica la norma, sino que se da pie a un ejercicio abusivo por parte de las empresas más poderosos para que bloqueen en frontera a voluntad productos legítimos, no falsificados, con marca distinta a las suyas y bien diferenciados unos productos de otros.

Sencillamente asistimos a un abuso de poder por parte de la Aduana y a un ejercicio abusivo de la posición dominante de algunas grandes marcas que, a no dudar, generan y provocan una competencia desleal. Es un  perjuicio altísimo al que someten a pequeños y medianos empresarios a los que se priva del derecho de ingresar al mercado y competir con sus productos; perjuicio que se extiende a la población a la que se le niega el derecho a elegir entre un producto y otro.

El objetivo de este Sistema no fue el de dar lugar a la monopolización de algunas empresas para que controlen el mercado en detrimento de los más débiles sino que tuvo una finalidad muy diferente. El objetivo de este sistema fue la lucha contra el fraude marcario. Hoy ese objetivo se encuentra desvirtuado; se lo ha desnaturalizado. Ojalá las autoridades vuelvan a reencauzar el eje donde corresponde nuevamente.

 

Dra. Cecilia Porcel

Cecilia.porcel@estudiodoctoresporcel.com

Estudio Doctores Porcel

 

 

 

 

 

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