Buenos Aires, Miercoles, 24 de Mayo
19 noviembre, 2014 16:00 Imprimir

La integración latinoamericana en transición. Por Prof. Dr. Santiago Deluca

 


Por Prof. Dr. Santiago Deluca

Hace tiempo se dice que la región está en crisis, que la actitud de Argentina y Brasil en las relaciones con sus vecinos y los eventuales resultados de sus avatares electorales derivará en el fracaso de la integración sudamericana. Por ende, que el Mercosur fracasó sin cumplir sus objetivos.

Esas afirmaciones se sustentan en argumentos como la disgregación de esfuerzos mediante la creación de instancias que se superponen en materias, objetivos, integrantes, etc., la ausencia de definición estratégica comercial, económica y política común y la inexistencia de un actor determinante con representatividad latinoamericana suficiente. En su mayoría olvidan que al hablar de integración regional se asume que se trata de procesos que poseen características diferentes e implican la actuación de los Estados en formas y ámbitos también diferentes. Omiten mencionar la importancia que a 34 años de su vigencia posee el Tratado constitutivo de la ALADI. Y, lo que es peor, nada dicen sobre la actualidad de este tratado en materia comercial internacional.

En algo tienen razón los detractores del Mercosur. La integración comercial subregional no funciona como se esperaba. Pero, y aquí nuevamente sus yerros, no advierten que el verdadero motor del Mercosur histórico, real y actual no es aquel documentado en el ACE N°18, sino el del ACE N°14. Norma que dio origen a la apertura de negociaciones y posterior incorporación de las hermanas Repúblicas del Paraguay y Uruguay.

No puede olvidarse que la integración bilateral de Argentina y Brasil representa quizá el hito de mayor trascendencia de los últimos 30 o 40 años en la región. El cruce de invitaciones de Alfonsín y Sarney no fue sólo protocolar. Materializaron en los hechos la máxima de la “buena vecindad”, a la par de la determinación de instar una relación recíproca de complementación; aunque a veces este factor fluctúe entre el optimismo y el pesimismo según sus vicisitudes internas del momento.

Retomando la idea de que no son estos los mejores días del Mercosur, ello no implica per sé su fracaso. Máxime cuando conforme a los artículos 1 y 3 del TM ’80 (ALADI), los procesos de integración subregionales son habilitados en tanto proyecten converger en la integración regional Latinoamericana.

Así, frente a la realidad que atraviesan el Mercosur y la CAN, sumado a la firma de acuerdos de asociación entre los estados andinos y el Mercosur, no resulta descabellado pensar o imaginar que nos encontramos en una etapa de transición en la que la referida convergencia estaría perfilándose. Ello implicaría que, gradualmente, ALADI debería asumir el control de las relaciones regionales a las que fue llamada desde su creación.

Lo dicho permite sostener con cierto grado de coherencia que, en definitiva, el Mercosur y la CAN no han fracasado, sino que representan diferentes plataformas para acercar a sus Estados en el cumplimiento de los objetivos de ALADI.

Pero no sólo los aspectos comerciales sub regionales habrán de continuar. Lo propio deberá suceder con las cuestiones en materia de cooperación, estrategia económica, política, social y cultural. Y no hay otro espacio más adecuado que el diseñado por Fernando Enrique Cardozo: la UNASUR.

Es decir, la verdadera integración de los procesos sub regionales debería plasmarse en lo comercial en ALADI y, en lo político, en UNASUR. Así el círculo quedaría cerrado.

El mundo está cambiando, cambia constantemente, aunque no nos demos cuenta. Ese movimiento obliga a modificar nuestra conducta sobre la marcha. Sudamérica no necesita pensar hoy cómo enfrentar al mundo a consecuencia de la globalización. Debe pensar y definir cómo se presenta frente a éste y cómo se integra en él. Y para ello requiere hacerse de medios propios que reflejen sus particularidades, su marcado presidencialismo, sus orígenes carentes de factores emotivos como las guerras europeas, etc..

En conclusión, no puede hacerse futurología sobre qué sucederá o cómo. Pero es hora de reflexionar y pensar el futuro de la integración latinoamericana asumiendo la realidad y permitiéndonos dotarla de mecanismos flexibles, que sin perder de vista su idiosincrasia permitan avanzar hacia el desarrollo económico, político y social de la región para asegurar un mejor nivel de vida para sus pueblos.

 

La Nación, Suplemento de Comercio Exterior, 4 de noviembre de 2014.

 

 

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