Buenos Aires, Martes, 17 de Enero
27 octubre, 2014 4:00 Imprimir

Los desafíos del nuevo Gobierno de Dilma Rousseff

 

 

Tras necesitar una segunda vuelta para ser reelegida en el cargo, Dilma Rousseff afrontará nuevos desafíos en su segundo mandato como presidenta de Brasil, empezando por el débil desempeño de la economía nacional, principal punto negativo en sus primeros cuatro años en el cargo.

Tras encadenar dos trimestres seguidos en recesión (-0,2 por ciento en el primero y -0,6 por ciento en el segundo), el principal reto que tiene el nuevo Gobierno de Dilma Rousseff es lograr la retomada del crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB), que tras crecer 7,5 por ciento en 2010, justo antes de la llegada de Rousseff, viene sufriendo una alarmante desaceleración.

Aunque el Gobierno de Rousseff ha logrado mantener el desempleo en niveles muy bajos, cercanos al 5 por ciento, hay el temor de que la recesión económica que vive el país y el mal momento de la industria se conviertan en una ola de dimisiones en sectores clave, como el automovilístico, ante la bajada de las exportaciones y la caída de las ventas en el mercado nacional.

Otro desafío que tendrá a nivel económico es mantener a raya la inflación, una de las principales preocupaciones del Gobierno, ya que superó en varias veces el límite (6,5 por ciento) establecido por el Ejecutivo para cada uno de los años de mandato.

Para ello, el Banco Central ha venido elevando progresivamente los tipos de interés, con la intención de encarecer el crédito y poder hacer frente al alza de los precios.

A nivel interno, otro de los retos que tendrá en su nuevo mandato es la lucha contra la corrupción, una de las principales banderas de Rousseff en su primer mandato, pero que quedó en nada por los constantes escándalos que destapa la prensa.

Algunos de ellos, como el que actualmente vive la petrolera estatal Petrobras, salpican a la presidenta por su presunto conocimiento del caso cuando formaba parte del Consejo de Administración de la mayor empresa de Brasil.

Rousseff deberá intentar rebajar los ánimos a la polarización que ha vivido el país en estas elecciones, ante los defensores de la gestión de 12 años de Gobierno del Partido de los Trabajadores (PT) y sus detractores, quienes se agregaron alrededor del candidato socialdemócrata Aécio Neves, derrotado hoy.

La polarización se verá reflejada en el siempre complicado Congreso brasileño, donde la reñida campaña electoral puede pasar factura al Partido de los Trabjadores a la hora de buscar aliados para poder formar gobierno y gobernar con tranquilidad.

También a nivel interno, Rousseff deberá lograr restablecer la confianza en la petrolera estatal Petrobras, la mayor empresa del país y otrora un orgullo para el país, objeto de varios escándalos de corrupción y desvío de dinero que han centrado la campaña electoral.

La endémica corrupción brasileña, a la que Dilma prometió “hacer limpieza” en la campaña electoral de hace cuatro años, será otro asunto que centrará la atención en su segundo mandato, tras los innumerables escándalos que hubo en su primera gestión en la presidencia.

Recuperar la confianza del mercado será otra dura tarea para la presidenta electa, que ha visto cómo los inversores y el mercado financiero le retiraban gradualmente su apoyo tras las políticas intervencionistas de su gobierno.

En su segundo mandato, promete, habrá una ofensiva para “elevar las inversiones”.

Brasil ya pasó del cuarto al quinto puesto en el ranking de entrada de inversión extranjera en 2013, según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la primera caída desde 2009.

 

Fuente: http://spanish.china.org.cn/

 

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