Buenos Aires, Martes, 25 de Julio
10 septiembre, 2013 6:00 Imprimir

OMC: Azevêdo inicia una “serie sucesiva de reuniones” para asegurar el éxito en Bali

 

En el discurso inaugural que pronunció ante el Consejo General de la OMC el 9 de septiembre de 2013, el Director General Roberto Azevêdo dijo: “mi absoluta prioridad será velar por que en nuestra Novena Conferencia Ministerial se obtenga un resultado negociado satisfactoriamente”, a lo que añadió lo siguiente: “El tiempo apremia. Nuestro trabajo debe comenzar aquí y ahora. Por ello iniciaré consultas intensivas con los Miembros inmediatamente, esta misma semana… Las consultas tendrán lugar en diversos formatos y configuraciones a nivel de Embajadores. Nos centraremos en tres esferas fundamentales: la facilitación del comercio, el desarrollo y algunos elementos de la agricultura.”

 

Declaración de Roberto Azevêdo, Director General

Nos reunimos hoy en un momento crucial. Es para mí un honor dirigirme a ustedes en calidad de Director General. A propósito del momento decisivo, tenemos que encontrar nuevas formas de describir esa situación. Hemos dicho que estamos en un momento decisivo, en una difícil coyuntura, en una situación límite … son expresiones que venimos utilizando desde hace tiempo. Cada vez que asisto a una reunión trato de hallar un modo diferente de decirlo pero, en definitiva, la verdad es esta: la economía mundial atraviesa un momento muy difícil, está en plena mutación. Muchas economías, en particular las economías desarrolladas, luchan todavía por recuperarse de los efectos de la crisis financiera. Van surgiendo otras cuestiones que siguen modificando nuestra forma de hacer las cosas y transforman fundamentalmente el paisaje de la economía mundial. Mientras tanto, los retos que plantea el desarrollo siguen siendo enormes. En esta época de cambios, creo que la función que desempeñamos aquí en la OMC es aún más importante. El sistema multilateral de comercio sigue siendo la mejor defensa contra el proteccionismo y el motor más potente para impulsar el crecimiento, la recuperación y el desarrollo.

No obstante, asumo mis nuevas funciones en un momento en que es evidente que el sistema tiene dificultades. Nos encontramos en un punto muerto. Prometo que haré todo lo que esté en mi mano para restaurar la confianza y la fe en esta Organización y en el sistema multilateral de comercio. No escatimaré esfuerzos para restablecer nuestra capacidad de lograr resultados en la misión fundamental de apoyar el crecimiento y el desarrollo en todo el mundo. Pero esto no lo puedo hacer solo. Hay varios caminos que podemos seguir: yo puedo proponer el rumbo, pero el trayecto hemos de elegirlo juntos. La fuerza de la Organización reside en ustedes. Son ustedes los que llevan el timón.

Me he reunido también con la Secretaría para transmitir un mensaje similar. Un mensaje que reconoce la importancia del factor humano y el poder del trabajo en equipo. Aseguré a los funcionarios que trabajaría estrechamente con ellos, en particular en varias cuestiones de gestión apremiantes. Mi colaboración con ellos no perderá de vista el objetivo principal: asegurar que la OMC siga siendo un centro de excelencia, a la vanguardia de las organizaciones que están al servicio de la comunidad internacional. Como Director General, defenderé la inclusión y colaboraré estrechamente con todo el mundo: desde los representantes en Ginebra hasta los Ministros; desde la Secretaría a los diversos colectivos interesados; desde la delegación más pequeña a la más grande. Además, la transparencia será para mí un criterio fundamental en todas las esferas del trabajo, así como en las cuestiones administrativas.

Tenemos que trabajar juntos para reparar y fortalecer el sistema y para garantizar que pueda responder a las necesidades de todos los Miembros y de una economía mundial en evolución. Para lograrlo, debemos ser sinceros acerca de los problemas que afrontamos. En la esfera de las negociaciones tenemos dificultades. Todos sabemos que esto solo es una parte del trabajo que se hace aquí. Todos sabemos esto, pero también sabemos que lo que se hace en el frente de las negociaciones define a la OMC. Así es como nos ve el mundo, no hay escapatoria. No importa cuántas veces digamos que hacemos algo más que negociar, que aquí se hacen otras cosas que son sumamente importantes para el mundo, aunque el mundo no lo sepa. La gente nos juzga por nuestros progresos en la Ronda de Doha, esa es la realidad. Y la impresión que se tiene en el mundo es que se nos ha olvidado cómo se negocia. La sensación es de ineficacia, de parálisis. Nuestra incapacidad para abordar esta parálisis arroja una sombra que va más allá de la esfera de las negociaciones y se cierne sobre todas las parcelas de nuestra labor. Es esencial que inyectemos nueva vida a las negociaciones. Tenemos que enviar al mundo un mensaje claro e inequívoco de que la OMC es capaz de lograr acuerdos comerciales multilaterales.

Por eso es vital que tengamos éxito en la Conferencia Ministerial de Bali: esta debe ser nuestra primera prioridad. El éxito en Bali acarrearía enormes beneficios, al mejorar las condiciones de vida de las personas, incluidos los más pobres, e impulsar el comercio en un momento decisivo para la economía mundial. No voy a enumerar aquí esos beneficios, me limitaré a decir lo siguiente: el éxito aportaría grandes beneficios, pero un fracaso tendría consecuencias aún mayores. Se acentuaría la percepción negativa actual, lo que nos retrasaría en todas las esferas de nuestra labor. Nuestra capacidad de responder a las exigencias de un mundo en continuo cambio está amenazada. Está en juego el futuro del sistema multilateral de comercio. Y si el sistema no funciona, al final, todo el mundo pierde. Quienes más pierden son las economías más pequeñas y más vulnerables. Tenemos el deber de lograr resultados para ellas.

El mundo no esperará a la OMC indefinidamente. Seguirá su curso y lo hará eligiendo opciones que no serán tan inclusivas o eficientes como los acuerdos negociados entre estas paredes. Este es el mensaje que transmití la semana pasada en San Petersburgo a los dirigentes del G-20, quienes expresaron su firme apoyo a nuestros esfuerzos por alcanzar un acuerdo en Bali. En los próximos meses me pondré en contacto con otros grupos para tratar de conseguir también su apoyo.

Naturalmente la OMC también tiene otras prioridades. Debemos seguir fortaleciendo las funciones de aplicación y supervisión de la OMC para mantener la vigilancia frente al proteccionismo. Este es uno de los aspectos más importantes de nuestro trabajo. El mecanismo de solución de diferencias es objeto de una gran demanda, lo que constituye una muestra más de la importancia del sistema de la OMC en tiempos de incertidumbre. Es una parte clave del sistema, y por eso debemos asegurarnos de que funciona adecuadamente y para todos, incluidos los más pobres. También hay que reforzar y mejorar la Ayuda para el Comercio y el Marco Integrado mejorado. Les aseguro una cosa: soy consciente de la importancia de todas las funciones clave de la Organización y no perderé de vista ninguna de ellas. Pero hoy debemos centrarnos en lo más inmediato. Debemos tratar de obtener resultados en Bali, que es nuestra primera prioridad.

El éxito en Bali dará impulso a todas nuestras actividades y nos permitirá avanzar en todos los ámbitos. Si obtenemos resultados satisfactorios en la Novena Conferencia Ministerial, volveremos a tener la seguridad de que vamos por el buen camino. Pero Bali no es el final del camino. El cumplimiento del mandato de Doha debe formar parte de todo programa futuro. Tenemos que examinar algunas de las cuestiones controvertidas que desde hace tanto tiempo nos dividen. Debemos estudiar con nuevos ojos posibles opciones. Tengo una idea de cómo podemos hacerlo. Pero antes de examinar el programa general debemos restablecer la confianza entre nosotros y la seguridad de que podemos alcanzar acuerdos y trazar una senda viable para las cuestiones de Doha, y debemos empezar ya.

¿Cómo lo vamos a lograr?

En primer lugar, voy a ser transparente, abierto e inclusivo. Este será un aspecto fundamental del proceso que sigamos. Haré todo lo posible por asegurar que en nuestros trabajos para la Conferencia de Bali todos los Miembros participen y se oiga la opinión de todos. Soy consciente de que las distintas cuestiones que hay sobre la mesa no afectan a todos los Miembros por igual. Como es natural, adaptaré nuestros esfuerzos y nuestras consultas en consecuencia. Pero sea cual sea el camino que vayamos a seguir, quiero escucharles. Mi puerta siempre estará abierta para ustedes, y también lo estará la de todo mi equipo.

Como ustedes saben, ya he anunciado el nombramiento de mis Directores Generales Adjuntos. Son profesionales del comercio. Todos ustedes los conocen bien. Estarán al servicio de los Miembros y ayudarán a hacer avanzar los objetivos que compartimos. Les estoy agradecido de que hayan aceptado trabajar con nosotros. Como les comenté en mi exposición ante el Consejo General el pasado mes de enero, seré un Director General pragmático. Me voy a remangar la camisa y estaré a su lado en la mesa. De aquí a Bali, estaré fuera de Ginebra sólo cuando sea estrictamente necesario. Mi prioridad absoluta será lograr un resultado negociado de forma satisfactoria en la Novena Conferencia Ministerial.

En segundo lugar, quiero establecer un proceso claro para obtener el éxito en Bali. El tiempo apremia. Nuestro trabajo debe comenzar aquí y ahora. Por ello iniciaré consultas intensivas con los Miembros inmediatamente,esta misma semana. Así que prepárense. Las consultas tendrán lugar en diversos formatos y configuraciones a nivel de Embajadores. Nos centraremos en tres esferas fundamentales: la facilitación del comercio, el desarrollo y algunos elementos de la agricultura. Tengo la intención de celebrar una serie sucesiva de reuniones y dar a cada uno la oportunidad de opinar sobre todos estos temas. También se celebrarán reuniones ordinarias del CNC, que convocaré según sea necesario.

Ahora debemos unir los tres elementos de Bali. Deben avanzar simultáneamente en lo que llamamos nuestro proceso horizontal. Tenemos que hacer frente a las cuestiones difíciles para identificar en una fase temprana del proceso dónde pueden lograrse avenencias. Y tenemos que examinar constantemente nuestros progresos. Muchas de las grandes cuestiones que nos separan son de carácter político. Como tenemos poco tiempo, también quiero empezar a incitar a las capitales a que participen más, a fin de superar los estancamientos, reducir las diferencias y acercarnos más a un acuerdo. Los altos funcionarios deben estar preparados para venir a Ginebra en determinados momentos a lo largo de las próximas semanas. Desde que he asumido mis funciones ya he tenido la oportunidad de hablar con varios dirigentes y Ministros, tanto en San Petersburgo como por teléfono, y voy a seguir poniéndome en contacto con otros. El componente de desarrollo será fundamental en este proceso, y escucharé con gran atención a los países en desarrollo y menos adelantados para asegurarme de que se tienen en cuenta sus intereses. De hecho, el proceso que dirigiré se coordinará estrechamente con la labor de los grupos de negociación. Ya he mantenido consultas con los Presidentes pertinentes sobre la forma de hacerlo.

Lo repito: el tiempo apremia. Sólo quedan 84 días hasta la Conferencia Ministerial. Debemos empezar a obtener resultados rápidamente en todos los aspectos de esta labor. La flexibilidad será crucial. Sé que, como negociadores comerciales, siempre tenemos la tentación de no ceder hasta el último momento. Eso es lo que hacemos. Pero en esta ocasión no puede ser así: todos debemos estar dispuestos a hacer algunos compromisos. No podemos perder de vista la perspectiva general. Siempre debemos recordar cuáles serían las consecuencias del fracaso: nos haría retroceder en todas las esferas de nuestro trabajo, menoscabando a la OMC y dando aún más la sensación de que no podemos negociar. Algunas capitales ya están buscando en otra parte soluciones que no serán multilaterales; serán soluciones de segunda, que dejarán sin respuesta muchos de los principales desafíos. Eso no nos conviene a ninguno de nosotros aquí, ni conviene al mundo.

Debemos comprometernos a obtener un acuerdo antes de subir al avión que nos llevará a Bali. Es crucial que lo logremos. Todos nosotros necesitamos a la OMC. La gente corriente también la necesita, aunque no lo sepa. En última instancia deberíamos juzgar nuestra actuación por la forma en que cambia la vida de las personas. Creo que el sistema multilateral de comercio puede ser el motor principal del crecimiento y el desarrollo en el mundo, que sacará a la gente de la pobreza, mejorará los niveles de vida y contribuirá a encarrilar la economía mundial. Ahora tenemos una oportunidad única de volver a situar a la OMC en el sitio que le corresponde, en el centro de este sistema, y de lograr que cumpla su misión.

Se acabó el entreacto: es hora de que la OMC vuelva al centro de la escena mundial. Es mucho lo que está en juego. Tenemos que lograr resultados y, si trabajamos juntos, no me cabe duda de que lo conseguiremos.

Gracias; espero con interés trabajar con todos ustedes.

 

Fuente: OMC

 

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